Estamos viviendo un momento social, en el que las familias como mucho cuentan con padre/madre y dos hijos y ya con demasiada frecuencia uno. Esta situación familiar conlleva mayor atención al hijo, pero no necesariamente de mayor calidad. La calidad no se mide en cantidad de tiempo y mucho menos confundiendo los términos amor con sobreprotección. La sobreprotección envuelve al niño en un halo que le impide madurar adecuadamente. Para conseguir la madurez en nuestros hijos, necesitamos fomentar la autonomía. Todos los padres aspiramos a que nuestros hijos lleguen a ser personas independientes, y somos los responsables de darles desde la más temprana edad, los medios para la progresiva adquisición de hábitos. La autonomía se aprende a través de sucesivos hábitos que con el tiempo crearan actitudes hacia la ejecución de las tareas diarias que tenemos, crean actitud de independ...