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Educar en la responsabilidad y el esfuerzo

 



Educar en la responsabilidad.

Educar en la cultura de la responsabilidad y el esfuerzo, desde la primera infancia tiene grandes recompensas.  Se trata de conseguir que sea autónomo y que sea capaz de aprovechar al máximo todas sus potencialidades intelectuales, físicas, artísticas, etc. Todo esto no se puede conseguir sin el esfuerzo tanto de sus padres y educadores como de él mismo. Es una tarea difícil y que no acaba nunca, por lo que siempre se ha de estar intentando conseguirlo.

Los primeros años son los más adecuados para iniciar a los niños en valores como la constancia, esfuerzo y responsabilidad. Son los adultos los que han de fomentar estas conductas y actuaciones que llevan al compromiso. Sin esfuerzo no hay aprendizaje y el esfuerzo es el resultado de un proceso de motivación al niño.

La responsabilidad es la capacidad que tienen de responder con actos adecuadas a las situaciones que la vida nos va presentando. Como padres intentamos que nuestros hijos comiencen a comprender la necesidad de un equilibrio entre sus derechos, deberes y responsabilidades. Hemos de fomentar el esfuerzo, pues es el medio por el cual lograrán conseguir muchos de sus objetivos. Enseñarles a tener paciencia y a buscar soluciones para poder superar cualquier obstáculo.

Si les solucionamos las pequeñas obligaciones que tienen los niños de forma rápida y fácil y hacemos una sobreprotección, nos llevara a desarrollar en los niños un comportamiento más dependiente, sin fuerza de voluntad, con menor esfuerzo y buscando continuamente un apoyo para actuar, renunciado a sus responsabilidades. La recompensa rápida y fácil no facilita la autonomía.  Evitamos el sufrimiento momentáneo y satisfacemos rápidamente las necesidades o caprichos para que no se enfaden o se pongan tristes. Evitarles todo problema no los prepara para la vida. Se han de equivocar y afrontar las consecuencias.

La tarea bien hecha da muchas satisfacciones y oportunidades para el aprendizaje, favorece la motivación.

Consejos e ideas para favorecer la responsabilidad y el esfuerzo:

Admitir sus errores. No podemos ser excesivamente exigentes. Los errores son parte del aprendizaje. Pero hemos de tener en cuenta que la frustración también forma parte del aprendizaje y fortalece su carácter. Si cada vez que cometen un error les penalizamos o lo señalamos como algo vergonzoso es probable que acaben dejando de intentar hacer algunas cosas por miedo a equivocarse. Y no intentar algo es lo contrario de esforzarse.

Valora sus progresos: Por mínimos que sean sus avances, debemos darles importancia, pues les ayudara a seguir adelante, les motivara. “has trabajado duro para conseguirlo”. Darles a entender que los progresos son el resultado de su trabajo, esfuerzo y constancia. Debemos valorar su esfuerzo, aunque las cosas no estén perfectamente hechas al principio. Y si no logra eso que se había propuesto, o si se equivoca, muéstrale también el aprendizaje tras ese fracaso, las herramientas que ha adquirido esforzándose por conseguir su meta.

Apoyo: Seremos sus apoyos cuando sea necesario controlar su impulsividad y su poca paciencia. Ayudando a gestionar sus emociones cuando las cosas no salen como esperaban. Hemos de ser pacientes y constantes. Procurar que tenga experiencias de satisfacción y alegría por el trabajo realizado.

Acompañar sin imponer, pero dando autonomía: Hemos de ser sus orientadores e implicar a los niños en tareas propias de su edad y su capacidad. (Poner la mesa, ordenar sus juguetes, colaborar en la preparación de la mochila.) Actos que le ayuden a sentir el éxito del esfuerzo y que estimulen su independencia y autosuficiencia de forma progresiva, no podemos pedir que hagan todo el primer día, todo requiere tiempo. Enfatizar el valor del esfuerzo y la dedicación, más que la perfección del resultado final.

Dar ejemplo de responsabilidad: Nuestro ejemplo es importante para los niños, les muestra un camino y una forma de actuar. Como adultos, contagiando nuestra energía, optimismo voluntad y eliminando las quejas. Los niños aprenden por observación. Nuestra actitud y nuestra forma de transmitirles este principio resultan fundamentales ya que los padres son el modelo para seguir.

Crea rutinas estables: Los hábitos son la base del esfuerzo y ayudan diariamente a aprender a realizar tareas y hacerse responsables de las mismas. Cuando un hábito se ha adquirido, disminuye la sensación de fracaso. Es positivo que los niños asistan a las actividades extraescolares a las que se han apuntado en la etapa inicial del curso. Conviene señalar que la cultura del esfuerzo y la constancia se ejercitan, precisamente, en la rutina diaria. Ayudarles a organizar sus tareas y horarios les enseña la importancia de la planificación y la gestión del tiempo.

 

Educar en la cultura del esfuerzo, conlleva en una serie de beneficios para los niños, haciéndolos mucho más independientes, seguros de sí mismos, menos frustrados, con mejor autoestima. Esto se nos lleva a hacerles  adultos que puedan afrontarán los problemas de manera más realista y positiva.

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