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Emociones y aprendizaje en familia

 

   

La Neuroeducación es una nueva disciplina que combina conocimientos de  la neurociencia, la educación y la psicología, nos aporta información sobre el proceso de enseñanza y aprendizaje. Une la información del funcionamiento del cerebro y el  contexto en el que se produce el aprendizaje y nos indica sobre los procesos más adecuados para realizar un buen aprendizaje. En este proceso la emoción y cognición van unidos.

    Cuando el niño se encuentra en un entorno estimular, lo primero que percibe  es la información sensorial, utiliza primeramente su cerebro emocional, por lo que las funciones cognitivas como memoria, atención, conducta etc… procesos de aprendizaje están condicionados por las emociones (interés, gustos, deseos, miedos, intereses..)

   Las emociones juegan un papel muy importante en nuestro comportamiento, pero también influyen en nuestra memoria y en nuestro aprendizaje.

    Somos seres emocionales  antes que racionales, las actuaciones racionales están condicionadas por las emocionales, (vivencias anteriores, situaciones traumáticas o placenteras, satisfacción personal o angustia). Las emociones “positivas” como la alegría, son las que se relacionan con un aumento y mejora en la consolidación del aprendizaje. Por lo tanto, cuando el ambiente es positivo, el cerebro emocional recibe de mejor manera los estímulos externos. En consecuencia, los conocimientos se adquieren con más facilidad y lo aprendido se mantiene en el tiempo.

    Por todo ello, aspectos de la emoción como la curiosidad,  el disfrute, la alegría, el interés, el placer, emociones positivas… condicionaran nuestro aprendizaje, nuestro nivel de atención. Atendemos a aquello que más nos gusta, que nos proporciona seguridad, recompensa positiva.

   Un niño comienza a aprender desde el mismo momento del nacimiento. Aprende en los primeros años a través de esos mecanismos básicos que son la imitación, la atención compartida y la empatía. Se aprende aquello que se ama, es decir aquel aprendizaje mediado por la emoción es el que mejor se consolidara.

EMOCIÓN  -------->  CURIOSIDAD ---------> ATENCIÓN --------> APRENDIZAJE

    Aprender con emoción quiere decir, que las cosas nos despierten curiosidad. La curiosidad despierta la atención en el que escucha y aprende de forma automática, por ello aprenderá mejor. Una atención despierta, sostenida, consciente ayuda al niño.

   La familia es el mayor determinante de la educación de un niño. Como estructuremos nuestro tiempo con ellos nos dará las claves de su aprendizaje.

                                    ¿Cuál será la tarea de la familia en la educación de nuestros hijos?                                crear ambientes emocionalmente positivos y de colaboración.

   Las experiencias que causan fuertes emociones crean recuerdos muy claros y a largo plazo. Unos padres dinámicos, divertidos, dsiciplinados e interesados por las emociones del niño, pueden convertir cualquier cosa o concepto, en algo siempre interesante y por ello recordado y aprendido.

  Será en la familia, el contexto donde se establezcan muy claramente patrones de inteligencia emocional. Los padres tienen una relación especial con sus hijos, muy cercana e intensa, y en una edad en que la capacidad de aprendizaje es máxima. El deber de los padres es crear espacios emocionales en el hogar, que promuevan un aprendizaje compartido, donde se enseñe a vivir bien

 ¿Como padres que podemos hacer?

Una de las fórmulas que mejores resultados está dando, es aprender a cooperar en el seno de la familia, padres, madres, hijos e hijas aprendan a cooperar entre ellos.

 ¿Cómo fomentar la cooperación? Para fomentar la cooperación entre miembros de la familia se recomiendan un grupo de medidas.

Establecer un vínculo afectivo fuerte que permita relajación y satisfacción en el aprendizaje del día a día. Esa conexión se produce cuando se comparten experiencias agradables y positivas. Es decir cuando padres e hijos lo pasan bien juntos, cuando comparten ratos agradables, cuando intercambian elogios y muestras de afecto, cuando se apoyan mutuamente, y cuando colaboran en la consecución de objetivos comunes.  
Demasiados períodos de aburrimiento, de confrontación, o de discusión van debilitando la relación. Si no hay suficientes momentos en los que sentimos que el otro está a gusto con nosotros, la conexión se atenúa enormemente.

La comunicación fluida y positiva entre ellos. Cuando los hijos nos explican algo que les ha pasado, algo que les preocupa, un sentimiento o una emoción, no están buscando que los juzguemos, ni tampoco que les demos soluciones. La mayor parte de las veces, las soluciones ya las saben. Es interesante trasmitirles la sensación de que estamos interesados en ellos, en sus ideas, en sus problemas, en sus pequeñas o grandes batallas del día a día.

La disciplina. No siempre es fácil que colaboren, y conseguirlo requiere cierto esfuerzo por su parte y el uso de disciplina por parte de las familias. La disciplina no tiene que estar basada en gritos y amenazas, sino en la firmeza, en la escucha, la motivación

Compartir experiencias día a día. Haciéndoles sentir participantes activos. La convivencia familiar, en la que compartir diversidad de experiencias dándoles la posibilidad de investigar, premiando su iniciativa, generando momentos únicos de aprendizaje. Compartir el juego y el tiempo libre: es muy aconsejable, ayuda a mejorar la comunicación, a tolerar las pequeñas frustraciones y a mejorar el sentido del humor.


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