miércoles, 3 de enero de 2018

Retraso psicomotor





Es muy frecuente en los Centros de Desarrollo Infantil y Atención Temprana (Cdiat), recibir a familias, que  bien son remitidas por los servicios de pediatría o ante la duda  y preocupación, acuden a consultar, ya que piensan que no hace lo que otros niños de su edad. El desarrollo psicomotor de las habilidades del bebé es, junto con la alimentación, uno de los temas que más preocupa a los padres. ¿Qué es normal y qué no lo es?, ¿cuáles serían las señales para preocuparse?
El desarrollo psicomotor es la adquisición progresiva de habilidades funcionales en el niño, en  distintas áreas: lenguaje, motora, manipulativa y social, permitiéndole alcanzar independencia y adaptación al medio. Este desarrollo se produce durante los primeros 2-3 años de vida, periodo de gran plasticidad y muy sensible a los estímulos externos.
La adquisición de las funciones o habilidades sigue unos pasos secuenciales, es preciso completar una etapa para alcanzar la siguiente. Para conseguir que un bebe permanezca sentado de forma estable, primero necesita tener un adecuado control de la cabeza,  para caminar primero tendrá que permanecer de pie con estabilidad,  etc. Ahora bien, el ritmo de la secuencia de maduración es variable, varía en función de múltiples factores, no todos los niños desarrollan las mismas habilidades a la misma edad.
Existen rangos, periodos promedio dentro de los cuales se  pueden alcanzar unas determinadas habilidades. Por ejemplo, la marcha independiente, (andar solo) se suele adquirir cerca del año, pero puede ocurrir varios meses antes o después sin llegar a ser patológico. Es muchos casos, es difícil definir  una línea exacta que separe lo “normal” de lo “anormal”.
          Algunos niños presentan una secuencia lenta para su edad y cualitativamente alterada, en estos casos hablamos de retraso psicomotor.  Es preciso distinguir el Retraso Psicomotor Simple o tardanza normal que es sólo evidente en un área específica, como las adquisiciones patrones posturales motrices (la mayor parte de las veces, acompañándose de anomalías cualitativas del tono muscular), el lenguaje o las habilidades de interacción social, del Retraso Psicomotor Global, que afecta no sólo a las adquisiciones motrices sino también al ritmo de aparición de las habilidades para comunicarse, jugar y resolver problemas apropiados a su edad.
Es importante evaluar a cada niño en conjunto, que cosas hace en las diferentes áreas del desarrollo (motor, cognitivo, lenguaje, y social), cómo las hace, y también valorar su evolución.
          Cuando los padres tengan sospechas con respecto al ritmo de desarrollo de sus hijos, deben consultar con el pediatra, que si confirma sus sospechas les remitirá a un Centro de Desarrollo Infantil y Atención Temprana (Cdiat), a fin de que sea evaluado en su conjunto y en profundidad, valorar cuidadosamente al niño y hacer un seguimiento.
          Algunos de los signos o señales de riesgo más frecuentes a nivel orientativo, para decidirnos a la consulta, son los siguientes:

A los 3 meses
No sonríe en respuesta a estímulos. 
No reacciona a la voz o los sonidos. 
No mantiene la cabeza erguida.
No fija nada la mirada
A los 5 meses
Tiene las manos cerradas todo el tiempo.
No sigue objetos con la mirada.
No tiende sus manos con intención de coger objetos.
A los 6 meses 
No se gira cuando le llaman.
No muestra interés por el entorno. 
No Balbucea. 
A los 9 meses
No permanece sentado sin apoyo.  
No juega con sus pies llevándoselos a la boca. 
No hay manipulaciones con sus juguetes.
A los 12 meses
Escasamente se mantiene de rodillas o en posición de gateo. 
 No se mantiene de pie (cogido a algo). 
Parece no entender consigna u órdenes verbales muy sencillas y habituales para él , como ven, toma etc..
A los 18 meses
Todavía necesita ayuda para andar. 
No se desplaza solo. 
No realiza imitaciones de los adultos como, adiós, palmitas, lobitos, etc.
A los 24 meses
No responde a la solicitud de dar. 
Se muestra desinteresado por objetos y juegos.
No dice al menos dos o tres palabras.

 En los Cdiat, realizamos una valoración global del niño, según su edad y necesidades. En dicha valoración intervienen los profesionales que consideramos pueden aportar datos relevantes, Fisioterapeuta, pedagogo, psicólogo, logopeda. De esta forma, establecemos un plan conjunto de estimulación.
Existen tablas y test de desarrollo que nos ayudan a valorar si existe una desviación de la normalidad o no. Estas pruebas se realizan e interpretan en el contexto de los grandes cambios que los niños pueden realizar a lo largo de su desarrollo. Son útiles para tener una referencia objetiva del desarrollo de un determinado niño de acuerdo a los estándares de la población general; diferencian bien a los niños con retraso psicomotor.
En la mayoría de los casos, detectar tempranamente el retraso psicomotor puede mejorar la calidad de vida del niño afectado. En este proceso de desarrollo y en estos primeros años de vida, es básica  una adecuada estimulación ambiental de los sentidos y un rico entorno psicoafectivo, siendo las familias los primeros actores de este cambio, por lo que necesitan saber cuánto antes, qué ocurre y cómo actuar.

 La ausencia de un diagnóstico específico no puede demorar la derivación de un niño con sospecha a un Centro Cdiat, para tener atención especializada y procurar amortiguar sus dificultades.


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